ALCORCÓN, 9 A.M.

Un chucho ladra a un mendigo.
Su dueña, una vieja deshecha pero aún altiva, da un tirón a la correa.

El mendigo mira al chucho. Mueve
la cabeza
de arriba a abajo
en gesto afirmativo:

– Te entiendo, tío –

A cien metros brilla la reforma
del Ayuntamiento.
A su espalda la Iglesia
con su alta torre.

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CHICLE

Williams Carlos Williams:
Enterramos a la gata,
después cogimos
su caja
y le prendimos fuego.

 

Era mínima,
minina mínima de piel y huesos.
Mimosa minina mínima
a la que llamamos
Chicle.

Llegó a casa haciendo runrún.
Quiso a sus hermanos, fue querida
y runruneó con ellos.

Pero nuestra querida minina mínima
tenía VIF a 120 euros
el pinchazo
de falsa esperanza.

Nuestra mimosa minina mínima
no cumplió el quinto mes.

GLAMOUR

Cualquiera diría que viene de Versalles,
pero estamos aquí,
bajo tierra en algún punto inconcreto
entre Alcorcón y Leganés
– el glamour no echa raíces en los subterráneos -.

Siento su animadversión
como el ébola.
Mi cara figurando en un cartel de se busca,
yo, que siempre he seguido las normas

– último vagón, cediendo el sitio,
mi perra sentada a mis pies, con bozal,
correa corta, respetando horarios -.

Me gustaría decirle algo. Quién sabe,
quizás podamos compartir el asco, hacer
causa común.

Tomar el té los domingos,
apostar a caballo ganador.

Ponme un tercio de Marca Registrada*

A veces la vida parece
el anuncio estival de una marca de cerveza:

brilla tanto el sol que casi puedes
hacer la fotosíntesis,
sudar felicidad,
diluir esto y eso otro
como arena arrojada contra
una ola.

Porque así son
los anuncios de cerveza en verano;

tu vida remasterizada en alta definición,
todo eso que se esfumó mientras cruzabas
pero que aún crees ver
entre la multitud

al otro lado
de la pantalla.

Territorial

Mire caballero, lo siento
pero este es mi sitio, este es mi
lugar,
sí,
justo este metro cuadrado de andén
dirección Zarzaquemada,
la próxima parada,
mi parada,
mi estación,
también es mía sabe usté,
es mía porque es a donde voy cada mañana
a la misma hora
viendo las mismas caras en mi vagón
con la misma sensación de verme envuelto
en el remolino de mi vida,
un remolino cuyo sentido usté
no debe alterar o desvelar.
Por supuesto,
también es mi remolino.
Caballero, usté tendrá
el suyo propio,
igual mejor peor
o sencillamente
diferente.
Así que por favor
conténtese con lo suyo
mientras yo
sigo aquí
en mi sitio
divagando
con lo mío.